SAN FELIPE NERI
Fue el más alegre de todos los Santos, Sacerdote, ingenioso, músico, poeta, extravagante y humorista. Sí, con la alegría de celebrar el cumpleaños de la Iglesia -Pentecostés- recordaremos la vida de San Felipe Neri.
“El más italiano de los Santos”, como se lo suele apodar, nació en Florencia, en el año 1515. Desde niño se destacaba por su piedad, dulzura y amabilidad. Habiendo quedado huérfano de madre, su padre lo envía a casa de un tío comerciante que no tenía hijos y que pensaba convertirlo en su heredero. Pero pronto Felipe se dio cuenta de que las riquezas le podían impedir el dedicarse a Dios y un día tuvo lo que él llamó su primera conversión: deja a su tío y marcha a Roma. Allí estudia elocuencia, filosofía y vive dando lecciones. Teniendo como alimento diario un pan y un vaso de agua, dedica su vida a enseñar catecismo, a visitar y atender enfermos en los hospitales y a llevar a la gente a las iglesias a rezar y meditar. Roma estaba, por aquellos días, en un estado de ignorancia religiosa y corrupción impresionantes. Por 40 años será el mejor catequista de la ciudad.
En 1458 fundó con los más fervorosos de sus seguidores una cofradía para socorrer a los pobres y para dedicarse a orar y meditar. Con ellos fundó un gran hospital llamado “De la Santísima Trinidad y los peregrinos”. Además difundió la costumbre de las “40 horas” o sea la adoración a Cristo Sacramentado durante ese tiempo, en forma continua.
En el año 1551, ordenado Sacerdote, desea ir a misionar a Asia pero por consejo de su director espiritual, se queda en Roma. Felipe siempre tuvo el don de la alegría. Cuando salía a la calle, enseguida lo rodeaba un coro de chicos con los que nuestro Santo hablaba y reía. Sentía predilección por los más pobres, no sólo niños sino también jóvenes a quienes entretenía con juegos, conciertos, paseos –que bien sabía transformar en peregrinaciones. Los adiestraba en el deporte, la música y la declamación. Pasaba largos ratos con Carlos Borromeo, Camilo de Lellis e Ignacio de Loyola entre otros. A la sombra de los árboles hacía representar a los muchachos comedias para inspirar la virtud y la piedad. Era un verdadero “sembrador de alegría”. San Juan Bosco será uno de sus más fieles imitadores.
A varios enfermos los curó al imponerles las manos. Durante la Santa Misa entraba en éxtasis y muchos veían su rostro resplandeciente de santidad. Muere a los 80 años, dulcemente, impartiendo la bendición a sus sacerdotes.
¡Que el Espíritu Santo nos colme con sus dones para poder testimoniar nuestra fe con la fuerza y la alegría de San Felipe Neri! ¡Que así sea!
domingo, 23 de mayo de 2010
domingo, 16 de mayo de 2010
EL PAPA A LOS ENFERMOS EN FÁTIMA
Antes de bendecir a los enfermos con el Santísimo Sacramento, en Fátima, el Papa les dijo: “Queridos enfermos, acojan esta llamada de Jesús que pasará junto a ustedes en el Santísimo Sacramento y entréguenle todas las contrariedades y penas que afrontan, para que se conviertan – según sus designios - en medio de redención para todo el mundo”.“Hermano mío y hermana mía, tú tienes “un valor tan grande para Dios que se hizo hombre para poder com-padecer(padecer con) Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre, como nos manifiesta el relato de la Pasión de Jesús”.
“En cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y el padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza”. “Con esta esperanza en el corazón, podrás salir de las arenas movedizas de la enfermedad y de la muerte, y permanecer de pie sobre la roca firme del amor divino.
En otras palabras, podrás superar la sensación de la inutilidad del sufrimiento que consume interiormente a las personas y las hace sentirse un peso para los otros, cuando, en realidad, vivido con Jesús, el sufrimiento sirve para la salvación de los hermanos”. “Esto es posible, porque las fuentes de la fuerza divina manan precisamente en medio de la debilidad humana”.
“Jesús dice a cada enfermo: “Ven conmigo. Participa con tu sufrimiento en esta obra de la salvación del mundo, que se realiza mediante mi sufrimiento, por medio de mi Cruz. A medida que abraces tu cruz, uniéndote espiritualmente a la mía, se develará a tus ojos el significado salvífico del sufrimiento. Encontrarás, en medio del sufrimiento, la paz interior e incluso la alegría espiritual”.
MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA LA XLIV JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital:
los nuevos medios al servicio de la Palabra»
[Domingo 16 de mayo de 2010]
Queridos hermanos y hermanas:
El tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales –«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra»– se inserta muy apropiadamente en el camino del Año Sacerdotal, y pone en primer plano la reflexión sobre un ámbito pastoral vasto y delicado como es el de la comunicación y el mundo digital, ofreciendo al sacerdote nuevas posibilidades de realizar su particular servicio a la Palabra y de la Palabra. Las comunidades eclesiales, han incorporado desde hace tiempo los nuevos medios de comunicación como instrumentos ordinarios de expresión y de contacto con el propio territorio, instaurado en muchos casos formas de diálogo aún de mayor alcance. Su reciente y amplia difusión, así como su notable influencia, hacen cada vez más importante y útil su uso en el ministerio sacerdotal.
La tarea primaria del sacerdote es la de anunciar a Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, y comunicar la multiforme gracia divina que nos salva mediante los Sacramentos. La Iglesia, convocada por la Palabra, es signo e instrumento de la comunión que Dios establece con el hombre y que cada sacerdote está llamado a edificar en Él y con Él. En esto reside la altísima dignidad y belleza de la misión sacerdotal, en la que se opera de manera privilegiada lo que afirma el apóstol Pablo: «Dice la Escritura: “Nadie que cree en Él quedará defraudado”… Pues “todo el que invoca el nombre del Señor se salvará”. Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo si no creen en Él? ¿Cómo van a creer si no oyen hablar de Él? ¿Y cómo van a oír sin alguien que les predique? ¿Y cómo van a predicar si no los envían?» (Rm 10,11.13-15).
Las vías de comunicación abiertas por las conquistas tecnológicas se han convertido en un instrumento indispensable para responder adecuadamente a estas preguntas, que surgen en un contexto de grandes cambios culturales, que se notan especialmente en el mundo juvenil. En verdad el mundo digital, ofreciendo medios que permiten una capacidad de expresión casi ilimitada, abre importantes perspectivas y actualiza la exhortación paulina: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16). Así pues, con la difusión de esos medios, la responsabilidad del anuncio no solamente aumenta, sino que se hace más acuciante y reclama un compromiso más intenso y eficaz. A este respecto, el sacerdote se encuentra como al inicio de una «nueva historia», porque en la medida en que estas nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez más intensas, y cuanto más se amplíen las fronteras del mundo digital, tanto más se verá llamado a ocuparse pastoralmente de este campo, multiplicando su esfuerzo para poner dichos medios al servicio de la Palabra.
Sin embargo, la creciente multimedialidad y la gran variedad de funciones que hay en la comunicación, pueden comportar el riesgo de un uso dictado sobre todo por la mera exigencia de hacerse presentes, considerando internet solamente, y de manera errónea, como un espacio que debe ocuparse. Por el contrario, se pide a los presbíteros la capacidad de participar en el mundo digital en constante fidelidad al mensaje del Evangelio, para ejercer su papel de animadores de comunidades que se expresan cada vez más a través de las muchas «voces» surgidas en el mundo digital. Deben anunciar el Evangelio valiéndose no sólo de los medios tradicionales, sino también de los que aporta la nueva generación de medios audiovisuales (foto, vídeo, animaciones, blogs, sitios web), ocasiones inéditas de diálogo e instrumentos útiles para la evangelización y la catequesis.
El sacerdote podrá dar a conocer la vida de la Iglesia mediante estos modernos medios de comunicación, y ayudar a las personas de hoy a descubrir el rostro de Cristo. Para ello, ha de unir el uso oportuno y competente de tales medios –adquirido también en el período de formación– con una sólida preparación teológica y una honda espiritualidad sacerdotal, alimentada por su constante diálogo con el Señor. En el contacto con el mundo digital, el presbítero debe trasparentar, más que la mano de un simple usuario de los medios, su corazón de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo comunicativo de la «red».
También en el mundo digital, se debe poner de manifiesto que la solicitud amorosa de Dios en Cristo por nosotros no es algo del pasado, ni el resultado de teorías eruditas, sino una realidad muy concreta y actual. En efecto, la pastoral en el mundo digital debe mostrar a las personas de nuestro tiempo y a la humanidad desorientada de hoy que «Dios está cerca; que en Cristo todos nos pertenecemos mutuamente» (Discurso a la Curia romana para el intercambio de felicitaciones navideñas, 21 diciembre 2009).
¿Quién mejor que un hombre de Dios puede desarrollar y poner en práctica, a través de la propia competencia en el campo de los nuevos medios digitales, una pastoral que haga vivo y actual a Dios en la realidad de hoy? ¿Quién mejor que él para presentar la sabiduría religiosa del pasado como una riqueza a la que recurrir para vivir dignamente el hoy y construir adecuadamente el futuro? Quien trabaja como consagrado en los medios, tiene la tarea de allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales. Le corresponde ofrecer a quienes viven éste nuestro tiempo «digital» los signos necesarios para reconocer al Señor; darles la oportunidad de educarse para la espera y la esperanza, y de acercarse a la Palabra de Dios que salva y favorece el desarrollo humano integral. La Palabra podrá así navegar mar adentro hacia las numerosas encrucijadas que crea la tupida red de autopistas del ciberespacio, y afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que Él pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones y decir de nuevo: «Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos» (Ap 3, 20).
En el Mensaje del año pasado animé a los responsables de los procesos comunicativos a promover una cultura de respeto por la dignidad y el valor de la persona humana. Ésta es una de las formas en que la Iglesia está llamada a ejercer una «diaconía de la cultura» en el «continente digital». Con el Evangelio en las manos y en el corazón, es necesario reafirmar que hemos de continuar preparando los caminos que conducen a la Palabra de Dios, sin descuidar una atención particular a quien está en actitud de búsqueda. Más aún, procurando mantener viva esa búsqueda como primer paso de la evangelización. Así, una pastoral en el mundo digital está llamada a tener en cuenta también a quienes no creen y desconfían, pero que llevan en el corazón los deseos de absoluto y de verdades perennes, pues esos medios permiten entrar en contacto con creyentes de cualquier religión, con no creyentes y con personas de todas las culturas. Así como el profeta Isaías llegó a imaginar una casa de oración para todos los pueblos (cf. Is 56,7), quizá sea posible imaginar que podamos abrir en la red un espacio –como el «patio de los gentiles» del Templo de Jerusalén– también a aquéllos para quienes Dios sigue siendo un desconocido.
El desarrollo de las nuevas tecnologías y, en su dimensión más amplia, todo el mundo digital, representan un gran recurso para la humanidad en su conjunto y para cada persona en la singularidad de su ser, y un estímulo para el debate y el diálogo. Pero constituyen también una gran oportunidad para los creyentes. Ningún camino puede ni debe estar cerrado a quien, en el nombre de Cristo resucitado, se compromete a hacerse cada vez más prójimo del ser humano. Los nuevos medios, por tanto, ofrecen sobre todo a los presbíteros perspectivas pastorales siempre nuevas y sin fronteras, que lo invitan a valorar la dimensión universal de la Iglesia para una comunión amplia y concreta; a ser testigos en el mundo actual de la vida renovada que surge de la escucha del Evangelio de Jesús, el Hijo eterno que ha habitado entre nosotros para salvarnos. No hay que olvidar, sin embargo, que la fecundidad del ministerio sacerdotal deriva sobre todo de Cristo, al que encontramos y escuchamos en la oración; al que anunciamos con la predicación y el testimonio de la vida; al que conocemos, amamos y celebramos en los sacramentos, sobre todo en el de la Santa Eucaristía y la Reconciliación.
Queridos sacerdotes, os renuevo la invitación a asumir con sabiduría las oportunidades específicas que ofrece la moderna comunicación. Que el Señor os convierta en apasionados anunciadores de la Buena Noticia, también en la nueva «ágora» que han dado a luz los nuevos medios de comunicación.
Con estos deseos, invoco sobre vosotros la protección de la Madre de Dios y del Santo Cura de Ars, y con afecto imparto a cada uno la Bendición Apostólica.
Vaticano, 24 de enero 2010, Fiesta de San Francisco de Sales.
BENEDICTUS PP. XVI
miércoles, 28 de abril de 2010
NUEVAS VOCACIONES SACERDOTALES, RESULTADO DE ESFUERZOS DE COLABORACIÓN
Los obispos de EEUU lanzan una web de promoción vocacional
WASHINGTON, D.C., miércoles 21 de abril de 2010 (ZENIT.org).- Un estudio sobre candidatos a ser ordenados sacerdotes este año muestra que las vocaciones son resultado de la colaboración entre el clero, las familias y todo el Pueblo de Dios.
La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos informó el 16 de abril sobre The Class of 2010: Survey of Ordinands to the Priesthood [La clase de 2010: Encuesta de los que van a ser ordenados sacerdotes].
Se trata de un proyecto de investigación anual encargado por la conferencia episcopal y realizado por el Centro de Investigación Aplicada al Apostolado, de la Universidad Georgetown.
“La mayoría de los que van a ser ordenados han sido católicos desde su nacimiento”, explica el presidente de la Comisión del clero, vida consagrada y vocaciones de la conferencia episcopal, el cardenal Sean O'Malley de Boston.
Y continua: “Cuatro de cada cinco informa de que sus dos padres son católicos; casi ocho de cada diez fueron animados por un sacerdote a considerar el sacerdocio”.
“Esto habla de la función esencial que el conjunto de la Iglesia debe desempeñar en la promoción de las vocaciones”, afirma.
El cardenal destaca que casi tres cuartas partes de la clase de este año afirmaa haber servido antes como monaguillos, lectores, ministros de la Eucaristía o como otro ministro parroquial.
“Una tendencia importante evidente en este estudio es la importancia de una formación permanente y un compromiso en la fe católica”, señala.
Un 92% de los hombres ha tenido un trabajo a tiempo completo -el ámbito de la educación es el más extendido- antes de entrar al seminario.
Tres de cada cinco hombres que van a ser ordenados ha completado estudios universitarios antes de entrar al seminario , y uno de cada cinco también ha recibido un título de posgrado.
Una tercera parte de ellos entró en el seminario cuando estaba en la universidad. Como promedio, informan haber considerado la vocación religiosa cuando tenían 18 años.
Familia
El hombre más joven que se va a ordenar este año tiene 25 años, y once de ellos tienen 65 años o más.
Un 37% de los que van a recibir la ordenación sacerdotal tienen un pariente sacerdote o religioso.
Dos tercios de la clase señalan que rezaban regularmente el rosario y participaban en adoraciones Eucarísticas antes de entrar en el seminario.
La mayoría de ellos tiene más de dos hermanos, y un 24% dicen tener cinco o más hermanos y hermanas.
Un 70% de los que van a ser ordenados son caucásicos/europeos/americanos/blancos, mientras que el 13% dicen ser hispanos/latinos, y el 10%, asiáticos o de las islas del Pacífico.
Casi un tercio de la clase nació fuera de los Estados Unidos, la mayoría viene de México, Colombia, Filipinas, Polonia y Vietnam.
La encuesta se envió a 440 candidatos al sacerdocio. Fue devuelta por 291 hombres que van a ser ordenados sacerdotes diocesanos y por 48 que pertenecen a órdenes religiosas.
La conferencia episcopal ha publicado todo el informe en su página web, así como en una nueva web dedicada a la promoción de las vocaciones.
La conferencia de obispos lanzará la nueva web este domingo 25 de abril, Domingo del Buen Pastor y Día Mundial de Oración por las Vocaciones.
Contiene recursos para ayudar a hombres y mujeres a discernir su vocación, también para padres, educadores y promotores vocacionales.
WASHINGTON, D.C., miércoles 21 de abril de 2010 (ZENIT.org).- Un estudio sobre candidatos a ser ordenados sacerdotes este año muestra que las vocaciones son resultado de la colaboración entre el clero, las familias y todo el Pueblo de Dios.
La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos informó el 16 de abril sobre The Class of 2010: Survey of Ordinands to the Priesthood [La clase de 2010: Encuesta de los que van a ser ordenados sacerdotes].
Se trata de un proyecto de investigación anual encargado por la conferencia episcopal y realizado por el Centro de Investigación Aplicada al Apostolado, de la Universidad Georgetown.
“La mayoría de los que van a ser ordenados han sido católicos desde su nacimiento”, explica el presidente de la Comisión del clero, vida consagrada y vocaciones de la conferencia episcopal, el cardenal Sean O'Malley de Boston.
Y continua: “Cuatro de cada cinco informa de que sus dos padres son católicos; casi ocho de cada diez fueron animados por un sacerdote a considerar el sacerdocio”.
“Esto habla de la función esencial que el conjunto de la Iglesia debe desempeñar en la promoción de las vocaciones”, afirma.
El cardenal destaca que casi tres cuartas partes de la clase de este año afirmaa haber servido antes como monaguillos, lectores, ministros de la Eucaristía o como otro ministro parroquial.
“Una tendencia importante evidente en este estudio es la importancia de una formación permanente y un compromiso en la fe católica”, señala.
Un 92% de los hombres ha tenido un trabajo a tiempo completo -el ámbito de la educación es el más extendido- antes de entrar al seminario.
Tres de cada cinco hombres que van a ser ordenados ha completado estudios universitarios antes de entrar al seminario , y uno de cada cinco también ha recibido un título de posgrado.
Una tercera parte de ellos entró en el seminario cuando estaba en la universidad. Como promedio, informan haber considerado la vocación religiosa cuando tenían 18 años.
Familia
El hombre más joven que se va a ordenar este año tiene 25 años, y once de ellos tienen 65 años o más.
Un 37% de los que van a recibir la ordenación sacerdotal tienen un pariente sacerdote o religioso.
Dos tercios de la clase señalan que rezaban regularmente el rosario y participaban en adoraciones Eucarísticas antes de entrar en el seminario.
La mayoría de ellos tiene más de dos hermanos, y un 24% dicen tener cinco o más hermanos y hermanas.
Un 70% de los que van a ser ordenados son caucásicos/europeos/americanos/blancos, mientras que el 13% dicen ser hispanos/latinos, y el 10%, asiáticos o de las islas del Pacífico.
Casi un tercio de la clase nació fuera de los Estados Unidos, la mayoría viene de México, Colombia, Filipinas, Polonia y Vietnam.
La encuesta se envió a 440 candidatos al sacerdocio. Fue devuelta por 291 hombres que van a ser ordenados sacerdotes diocesanos y por 48 que pertenecen a órdenes religiosas.
La conferencia episcopal ha publicado todo el informe en su página web, así como en una nueva web dedicada a la promoción de las vocaciones.
La conferencia de obispos lanzará la nueva web este domingo 25 de abril, Domingo del Buen Pastor y Día Mundial de Oración por las Vocaciones.
Contiene recursos para ayudar a hombres y mujeres a discernir su vocación, también para padres, educadores y promotores vocacionales.
domingo, 18 de abril de 2010
"OS TOCA A VOSOTROS RESPONDER" JUAN PABLO II

OS TOCA A VOSOTROS RESPONDER
Os hablo particularmente a vosotros, jóvenes. Más bien, quisiera hablar con vosotros, con cada uno de vosotros. Me sois muy queridos y tengo gran confianza en vosotros. Os he llamado esperanza de la Iglesia y mi esperanza. Recordemos algunas cosas juntos. En el tesoro del Evangelio se conservan las hermosas respuestas dadas al Señor que llamaba...
Desde los tiempos de la primera proclamación del Evangelio hasta nuestros días un grandísimo número de hombres y mujeres ha dado su respuesta personal, su libre y consciente respuesta a Cristo que llama. Han elegido el sacerdocio, la vida religiosa, la vida misionera, como objetivo ideal de su existencia. Han servido al Pueblo de Dios y a la humanidad con fe, con inteligencia, con valentía, con amor. Ha llegado vuestra hora. Os toca a vosotros responder. ¿Acaso tenéis miedo?
Reflexionemos, pues, juntos a la luz de la fe. Nuestra vida es un don de Dios. Debemos hacer algo bueno. Hay muchas maneras de gastar la vida poniéndola al servicio de ideales humanos y cristianos. Si hoy os hablo de consagración total a Dios en el sacerdocio, en la vida religiosa y en la vida misionera, es porque Cristo llama a muchos de vosotros a esta extraordinaria aventura. Él necesita, quiere tener necesidad de vuestras personas, de vuestra inteligencia, de vuestras energías, de vuestra fe, de vuestro amor, de vuestra santidad. Si Cristo os llama al sacerdocio es porque Él quiere ejercer su sacerdocio por medio de vuestra consagración y misión sacerdotal. Quiere hablar a los hombres con vuestra voz. Consagrar la Eucaristía y perdonar los pecados a través de vosotros. Amar con vuestro corazón. Ayudar con vuestras manos. Salvar con vuestra fatiga. Pensadlo bien. La respuesta que muchos de vosotros pueden dar está dirigida personalmente a Cristo que os llama a estas grandes cosas.
Encontraréis dificultades. ¿Creéis que no las conozco? Os digo que el amor puede vencer cualquier dificultad. La verdadera respuesta a cada vocación es obra del amor. La respuesta a la vocación sacerdotal, religiosa, misionera, puede surgir solamente de un profundo amor a Cristo. Esta fuerza de amor os la ofrece Él mismo, como don que se añade al don de su llamada y que hace posible vuestra respuesta. Tened confianza en Aquel que es poderoso para hacer que abundemos copiosamente más de lo que pedimos o pensamos (Ef. 3, 20). Y, si podéis, dad vuestra vida, con alegría, sin miedo a Él que dio antes la suya por vosotros.
JUAN PABLO II
Discurso del 6 de enero de 1979
jueves, 11 de marzo de 2010
LA PATRIA ES UN DON, LA NACIÓN UNA TAREA
Declaración de la 155º Comisión Permanente del la Conferencia Episcopal Argentina1. La celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo. Urge recrear las condiciones políticas e institucionales que nos permitan superar el estado de confrontación permanente que profundiza nuestros males. La situación actual requiere una actitud de grandeza de parte de todos los argentinos, en particular de sus dirigentes. También nosotros, como pastores, nos sentimos interpelados por esta situación y no nos excluimos del examen de conciencia que se debe hacer.
2. La que sufre es la Nación toda; no es momento para victimizarnos ni para procurar ventajas sectoriales. “Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social”1 . La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión de todos en la comunidad nacional. Por eso, es necesario que los poderes del Estado, de acuerdo a su naturaleza, actúen respetando su legítima autonomía y complementándose en el servicio al bien común.
3. Si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres. Este es un reclamo del cual nos volvemos a hacer eco, porque se trata de una deuda que sigue vigente, y que se lee “en los rostros de miles de hermanos que no llegan a vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios”2 . Por ello, es el momento de privilegiar la sanción de leyes que respondan a las necesidades reales de nuestro pueblo, y no de detenerse en opciones fijadas por intereses que no tienen en cuenta la naturaleza de la persona humana, de la familia y de la sociedad.
4. La Patria es un don que hemos recibido, la Nación una tarea que nos convoca y compromete nuestro esfuerzo. Asumir esta misión con espíritu fraterno y solidario es el mejor modo de celebrar el Bicentenario de nuestra Patria.
5. Los cristianos invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse a nosotros en la oración para invocar al Señor, que es la fuerza de su pueblo, y a pedirle por nuestra querida Patria argentina: “Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre”3 . Una vez más ponemos estos deseos y esperanzas en las manos de Nuestra Madre de Luján.
155º Comisión Permanente
Buenos Aires, 10 de marzo de 2010
HOMOSEXUALES Y LA IGLESIA
No es raro que en los medios de comunicación se critique a la Iglesia por su supuesta posición contra los homosexuales. Pero son pocos los que ahondan y ven más allá del sensacionalismo: que la Iglesia no tiene nada contra las personas.
Un buen botón de muestra viene de África: los obispos de Uganda criticaron un proyecto de ley que prevé duras penas (en algún caso, la pena de muerte), contra los homosexuales. Ha sido, pues, la Iglesia la que se ha levantado contra esta posición, mostrando claramente que la Iglesia no condena a los homosexuales en sí, sino que incluso los defiende si es el caso.
Tal vez la mejor manera de entender la posición católica sobre este punto son los documentos que la Iglesia ha ido emitiendo a lo largo de los años: los números del Catecismo (2357-2359); la carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 1 de octubre de 1986, sobre la atención pastoral a las personas con tendencias homosexuales; y, del mismo dicasterio vaticano, el documento sobre algunas consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales (3 de junio de 2003), por mencionar los más importantes. Sería muy largo desarrollar todos los puntos; bastaría subrayar tres imprescindibles:
1. Es necesario hacer la distinción entre «tendencia homosexual y actos homosexuales» (Atención pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986). Si bien los primeros no son pecados en sí, «constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral» (Idem, n. 3).
2. Los hombres y mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986, n. 12), pero esto no significa que se pueda aprobar la práctica abierta del homosexualismo, cuyos actos son intrínsecamente desordenados, pues «cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2357).
3. Este mismo respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación de la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial entre un hombre y una mujer como base de la familia, célula primaria de la sociedad. «Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad» (Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, n. 11).
Habría mucho más que decir, pero estas breves líneas pueden dejar claras las premisas para cuando alguien desee opinar, de manera arbitraria, sobre la posición de la Iglesia en este campo. Después de todo, la Iglesia, que es Madre, ama a todos y desea que sus hijos sean felices aquí en la tierra y, al final de la vida, lleguen a la auténtica y verdadera meta: el abrazo eterno con Dios.
Por Adán López, L.C.
Un buen botón de muestra viene de África: los obispos de Uganda criticaron un proyecto de ley que prevé duras penas (en algún caso, la pena de muerte), contra los homosexuales. Ha sido, pues, la Iglesia la que se ha levantado contra esta posición, mostrando claramente que la Iglesia no condena a los homosexuales en sí, sino que incluso los defiende si es el caso.
Tal vez la mejor manera de entender la posición católica sobre este punto son los documentos que la Iglesia ha ido emitiendo a lo largo de los años: los números del Catecismo (2357-2359); la carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 1 de octubre de 1986, sobre la atención pastoral a las personas con tendencias homosexuales; y, del mismo dicasterio vaticano, el documento sobre algunas consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales (3 de junio de 2003), por mencionar los más importantes. Sería muy largo desarrollar todos los puntos; bastaría subrayar tres imprescindibles:
1. Es necesario hacer la distinción entre «tendencia homosexual y actos homosexuales» (Atención pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986). Si bien los primeros no son pecados en sí, «constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral» (Idem, n. 3).
2. Los hombres y mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2358; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, 1 de octubre de 1986, n. 12), pero esto no significa que se pueda aprobar la práctica abierta del homosexualismo, cuyos actos son intrínsecamente desordenados, pues «cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2357).
3. Este mismo respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación de la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial entre un hombre y una mujer como base de la familia, célula primaria de la sociedad. «Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad» (Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales, n. 11).
Habría mucho más que decir, pero estas breves líneas pueden dejar claras las premisas para cuando alguien desee opinar, de manera arbitraria, sobre la posición de la Iglesia en este campo. Después de todo, la Iglesia, que es Madre, ama a todos y desea que sus hijos sean felices aquí en la tierra y, al final de la vida, lleguen a la auténtica y verdadera meta: el abrazo eterno con Dios.
Por Adán López, L.C.
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