HOMILIA DE S.S. JUAAN PABLO II EN LA CELEBRACIÓN DEL JUBILEO DE LOS DEPORTISTAS (29 DE OCTUBRE DEL 2000)
1. "Ya sabéis que en el estadio todos los atletas corren, aunque uno solo se lleva el premio. Corred así: para ganar" (1 Co 9, 24).
En Corinto, a donde san Pablo había llevado el anuncio del Evangelio, había un estadio muy importante, en el que se disputaban los "juegos ístmicos". Por eso, muy oportunamente el Apóstol, para estimular a los cristianos de aquella ciudad a comprometerse a fondo en la "carrera" de la vida, alude a las competiciones atléticas. En el estadio -dice- todos corren, aunque sólo uno gana: corred así también vosotros... Mediante la metáfora de una sana competición deportiva, pone de relieve el valor de la vida, comparándola con una carrera hacia una meta no sólo terrena y pasajera, sino también eterna. Una carrera en la que todos, y no sólo uno, pueden ganar.
Escuchamos hoy estas palabras del Apóstol, reunidos en este estadio Olímpico de Roma, que una vez más se transforma en un gran templo al aire libre, como sucedió con ocasión del Jubileo internacional de los deportistas, en 1984, Año santo de la Redención. Entonces, como hoy, es Cristo, único Redentor del hombre, quien nos acoge y con su palabra de salvación ilumina nuestro camino.
A todos vosotros, amadísimos atletas y deportistas de todo el mundo, que celebráis vuestro jubileo, dirijo mi afectuoso saludo. Expreso mi gratitud más cordial a los responsables de los organismos deportivos internacionales e italianos, y a todos los que han colaborado en la organización de esta cita singular con el mundo del deporte y con sus diversas secciones.
Agradezco las palabras que me ha dirigido el presidente del Comité olímpico internacional, señor Juan Antonio Samaranch, y el presidente del Comité olímpico nacional italiano, señor Giovanni Petrucci, así como el señor Antonio Rossi, medalla de oro en Sydney y en Atlanta, que ha interpretado los sentimientos de todos vosotros, amadísimos atletas. Al veros reunidos con gran orden en este estadio, me vienen a la memoria muchos recuerdos de mi vida relacionados con experiencias deportivas. Queridos amigos, gracias por vuestra presencia y, sobre todo, gracias por el entusiasmo con que estáis viviendo esta cita jubilar.
2. Con esta celebración el mundo del deporte se une, como un grandioso coro, para expresar con la oración, el canto, el juego y el movimiento un himno de alabanza y acción de gracias al Señor. Es la ocasión propicia para dar gracias a Dios por el don del deporte, con el que el hombre ejercita su cuerpo, su inteligencia y su voluntad, reconociendo que estas capacidades son dones de su Creador.
Gran importancia cobra hoy la práctica del deporte, porque puede favorecer en los jóvenes la afirmación de valores importantes como la lealtad, la perseverancia, la amistad, la comunión y la solidaridad. Precisamente por eso, durante estos últimos años ha ido desarrollándose cada vez más como uno de los fenómenos típicos de la modernidad, casi como un "signo de los tiempos" capaz de interpretar nuevas exigencias y nuevas expectativas de la humanidad. El deporte se ha difundido en todos los rincones del mundo, superando la diversidad de culturas y naciones.
A causa de la dimensión planetaria que ha adquirido esta actividad, es grande la responsabilidad de los deportistas en el mundo. Están llamados a convertir el deporte en ocasión de encuentro y de diálogo, superando cualquier barrera de lengua, raza y cultura. En efecto, el deporte puede dar una valiosa aportación al entendimiento pacífico entre los pueblos y contribuir a que se consolide en el mundo la nueva civilización del amor.
3. El gran jubileo del año 2000 invita a todos y a cada uno a emprender un serio camino de reflexión y conversión. ¿Puede el mundo del deporte eximirse de este providencial dinamismo espiritual? No. Al contrario, precisamente la importancia que el deporte tiene hoy invita a cuantos participan en él a aprovechar esta oportunidad para hacer un examen de conciencia. Es importante constatar y promover los numerosos aspectos positivos del deporte, pero también es necesario captar las diferentes situaciones negativas en las que puede caer.
Las potencialidades educativas y espirituales del deporte deben llevar a que los creyentes y los hombres de buena voluntad se unan y contribuyan a superar cualquier desviación que pudiera producirse en él, considerándola un fenómeno contrario al desarrollo pleno de la persona y a su alegría de vivir. Hay que proteger con esmero el cuerpo humano de cualquier atentado contra su integridad y de toda forma de explotación e idolatría.
Es preciso estar dispuestos a pedir perdón por lo que en el mundo del deporte se ha hecho o se ha omitido, en contraste con los grandes compromisos asumidos en el jubileo anterior. Estos compromisos serán reafirmados en el "Manifiesto del deporte", que se presentará dentro de poco. Quiera Dios que esta verificación ofrezca a todos -directivos, técnicos y atletas- la ocasión de encontrar un nuevo impulso creativo y estimulante, para que el deporte responda, sin desnaturalizarse, a las exigencias de nuestro tiempo: un deporte que tutele a los débiles y no excluya a nadie, libere a los jóvenes del riesgo de la apatía y de la indiferencia, y suscite en ellos un sano espíritu de competición; un deporte que sea factor de emancipación de los países más pobres y ayude a eliminar la intolerancia y a construir un mundo más fraterno y solidario; un deporte que contribuya a hacer que se ame la vida y que eduque para el sacrificio, el respeto y la responsabilidad, llevando a una plena valorización de toda persona humana.
4. "Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares" (Sal 125, 5). El Salmo responsorial nos ha recordado que para tener éxito en la vida es preciso perseverar en el esfuerzo. Quien practica el deporte lo sabe muy bien: sólo a costa de duros entrenamientos se obtienen resultados significativos. Por eso el deportista está de acuerdo con el salmista cuando afirma que el esfuerzo realizado en la siembra halla su recompensa en la alegría de la cosecha: "Al ir, iban llorando, llevando la semilla; al volver, vuelven cantando, trayendo sus gavillas" (Sal 125, 6).
En las recientes Olimpíadas de Sydney hemos admirado las hazañas de grandes atletas, que, para alcanzar esos resultados, se sacrificaron durante años, día a día. Esta es la lógica del deporte, especialmente del deporte olímpico; y es también la lógica de la vida: sin sacrificio no se obtienen resultados importantes, y tampoco auténticas satisfacciones.
Nos lo ha recordado una vez más el apóstol san Pablo: "Los atletas se privan de todo; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita" (1 Co 9, 25). Todo cristiano está llamado a convertirse en un buen atleta de Cristo, es decir, en un testigo fiel y valiente de su Evangelio. Pero para lograrlo, es necesario que persevere en la oración, se entrene en la virtud y siga en todo al divino Maestro.
En efecto, él es el verdadero atleta de Dios; Cristo es el hombre "más fuerte" (cf. Mc 1, 7), que por nosotros afrontó y venció al "adversario", Satanás, con la fuerza del Espíritu Santo, inaugurando el reino de Dios. Él nos enseña que para entrar en la gloria es necesario pasar a través de la pasión (cf. Lc 24, 26 y 46), y nos precedió por este camino, para que sigamos sus pasos.
Que el gran jubileo nos ayude a afianzarnos y fortalecernos para afrontar los desafíos que nos esperan en esta alba del tercer milenio.
5. "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!" (Mc 10, 47).
Estas son las palabras del ciego de Jericó en el episodio narrado en la página evangélica que acabamos de proclamar. Ojalá que las hagamos nuestras: "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!".
Fijamos, oh Cristo, nuestra mirada en ti, que ofreces a todo hombre la plenitud de la vida. Señor, tú curas y fortaleces a quien, confiando en ti, cumple tu voluntad.
Hoy, en el ámbito del gran jubileo del año 2000, están reunidos aquí espiritualmente los deportistas de todo el mundo, ante todo para renovar su fe en ti, único Salvador del hombre.
También los que, como los atletas, están en la plenitud de sus fuerzas, reconocen que sin ti, oh Cristo, son interiormente como ciegos, o sea, incapaces de conocer la verdad plena y de comprender el sentido profundo de la vida, especialmente frente a las tinieblas del mal y de la muerte. Incluso el campeón más grande, ante los interrogantes fundamentales de la existencia, se siente indefenso y necesitado de tu luz para vencer los arduos desafíos que un ser humano está llamado a afrontar.
Señor Jesucristo, ayuda a estos atletas a ser tus amigos y testigos de tu amor. Ayúdales a poner en la ascesis personal el mismo empeño que ponen en el deporte; ayúdales a realizar una armoniosa y coherente unidad de cuerpo y alma.
Que sean, para cuantos los admiran, modelos a los que puedan imitar. Ayúdales a ser siempre atletas del espíritu, para alcanzar tu inestimable premio: una corona que no se marchita y que dura para siempre. Amén.
sábado, 19 de junio de 2010
PALABRAS HERMOSAS DEL PAPA
Hablando a los participantes del Congreso Eucarístico en Roma, el Papa dijo:
“La misma naturaleza del amor exige opciones de vida definitivas e irrevocables. Me dirijo en particular a Ustedes, queridos jóvenes: no tengan miedo de escoger el amor como regla suprema de vida. No tengan miedo de amar a Cristo en el Sacerdocio y, si en el corazón experimentan la llamada del Señor, síganlo en esta extraordinaria aventura de amor, poniéndose en sus manos con confianza. ¡No tengan miedo de formar familias cristianas que viven el amor fiel, indisoluble y abierto a la vida! Testimonien que el amor, tal y como lo vivió Cristo y lo enseña el Magisterio de la Iglesia, no quita nada a nuestra felicidad, sino que por el contrario da esa alegría profunda que Cristo prometió a sus discípulos
Además, invito a todos a redescubrir la fecundidad de la adoración eucarística: ante el Santísimo Sacramento experimentamos de manera totalmente particular ese "permanecer" de Jesús, que Él mismo, en el Evangelio de Juan, pone como condición necesaria para dar mucho fruto (Cf. Juan 15, 5) y evitar que nuestra acción apostólica quede reducida a un estéril activismo, convirtiéndose más bien en testimonio del amor de Dios
“Podemos decir que "la mejor catequesis sobre la Eucaristía es la misma Eucaristía bien celebrada"
La comunión con Cristo es siempre también comunión con su cuerpo, que es la Iglesia, como recuerda el apóstol Pablo diciendo: "El pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan" (1 Corintios 10,
Cuando recibimos a Cristo, el amor de Dios se expande en nuestra intimidad, modifica radicalmente nuestro corazón y nos hace capaces de gestos que, por la fuerza difusiva del bien, pueden transformar la vida de aquellos que están a lado nuestro.”
“La misma naturaleza del amor exige opciones de vida definitivas e irrevocables. Me dirijo en particular a Ustedes, queridos jóvenes: no tengan miedo de escoger el amor como regla suprema de vida. No tengan miedo de amar a Cristo en el Sacerdocio y, si en el corazón experimentan la llamada del Señor, síganlo en esta extraordinaria aventura de amor, poniéndose en sus manos con confianza. ¡No tengan miedo de formar familias cristianas que viven el amor fiel, indisoluble y abierto a la vida! Testimonien que el amor, tal y como lo vivió Cristo y lo enseña el Magisterio de la Iglesia, no quita nada a nuestra felicidad, sino que por el contrario da esa alegría profunda que Cristo prometió a sus discípulos
Además, invito a todos a redescubrir la fecundidad de la adoración eucarística: ante el Santísimo Sacramento experimentamos de manera totalmente particular ese "permanecer" de Jesús, que Él mismo, en el Evangelio de Juan, pone como condición necesaria para dar mucho fruto (Cf. Juan 15, 5) y evitar que nuestra acción apostólica quede reducida a un estéril activismo, convirtiéndose más bien en testimonio del amor de Dios
“Podemos decir que "la mejor catequesis sobre la Eucaristía es la misma Eucaristía bien celebrada"
La comunión con Cristo es siempre también comunión con su cuerpo, que es la Iglesia, como recuerda el apóstol Pablo diciendo: "El pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan" (1 Corintios 10,
Cuando recibimos a Cristo, el amor de Dios se expande en nuestra intimidad, modifica radicalmente nuestro corazón y nos hace capaces de gestos que, por la fuerza difusiva del bien, pueden transformar la vida de aquellos que están a lado nuestro.”
domingo, 23 de mayo de 2010
LA ALEGRÍA DE SAN FELIPE NERI
SAN FELIPE NERI
Fue el más alegre de todos los Santos, Sacerdote, ingenioso, músico, poeta, extravagante y humorista. Sí, con la alegría de celebrar el cumpleaños de la Iglesia -Pentecostés- recordaremos la vida de San Felipe Neri.
“El más italiano de los Santos”, como se lo suele apodar, nació en Florencia, en el año 1515. Desde niño se destacaba por su piedad, dulzura y amabilidad. Habiendo quedado huérfano de madre, su padre lo envía a casa de un tío comerciante que no tenía hijos y que pensaba convertirlo en su heredero. Pero pronto Felipe se dio cuenta de que las riquezas le podían impedir el dedicarse a Dios y un día tuvo lo que él llamó su primera conversión: deja a su tío y marcha a Roma. Allí estudia elocuencia, filosofía y vive dando lecciones. Teniendo como alimento diario un pan y un vaso de agua, dedica su vida a enseñar catecismo, a visitar y atender enfermos en los hospitales y a llevar a la gente a las iglesias a rezar y meditar. Roma estaba, por aquellos días, en un estado de ignorancia religiosa y corrupción impresionantes. Por 40 años será el mejor catequista de la ciudad.
En 1458 fundó con los más fervorosos de sus seguidores una cofradía para socorrer a los pobres y para dedicarse a orar y meditar. Con ellos fundó un gran hospital llamado “De la Santísima Trinidad y los peregrinos”. Además difundió la costumbre de las “40 horas” o sea la adoración a Cristo Sacramentado durante ese tiempo, en forma continua.
En el año 1551, ordenado Sacerdote, desea ir a misionar a Asia pero por consejo de su director espiritual, se queda en Roma. Felipe siempre tuvo el don de la alegría. Cuando salía a la calle, enseguida lo rodeaba un coro de chicos con los que nuestro Santo hablaba y reía. Sentía predilección por los más pobres, no sólo niños sino también jóvenes a quienes entretenía con juegos, conciertos, paseos –que bien sabía transformar en peregrinaciones. Los adiestraba en el deporte, la música y la declamación. Pasaba largos ratos con Carlos Borromeo, Camilo de Lellis e Ignacio de Loyola entre otros. A la sombra de los árboles hacía representar a los muchachos comedias para inspirar la virtud y la piedad. Era un verdadero “sembrador de alegría”. San Juan Bosco será uno de sus más fieles imitadores.
A varios enfermos los curó al imponerles las manos. Durante la Santa Misa entraba en éxtasis y muchos veían su rostro resplandeciente de santidad. Muere a los 80 años, dulcemente, impartiendo la bendición a sus sacerdotes.
¡Que el Espíritu Santo nos colme con sus dones para poder testimoniar nuestra fe con la fuerza y la alegría de San Felipe Neri! ¡Que así sea!
Fue el más alegre de todos los Santos, Sacerdote, ingenioso, músico, poeta, extravagante y humorista. Sí, con la alegría de celebrar el cumpleaños de la Iglesia -Pentecostés- recordaremos la vida de San Felipe Neri.
“El más italiano de los Santos”, como se lo suele apodar, nació en Florencia, en el año 1515. Desde niño se destacaba por su piedad, dulzura y amabilidad. Habiendo quedado huérfano de madre, su padre lo envía a casa de un tío comerciante que no tenía hijos y que pensaba convertirlo en su heredero. Pero pronto Felipe se dio cuenta de que las riquezas le podían impedir el dedicarse a Dios y un día tuvo lo que él llamó su primera conversión: deja a su tío y marcha a Roma. Allí estudia elocuencia, filosofía y vive dando lecciones. Teniendo como alimento diario un pan y un vaso de agua, dedica su vida a enseñar catecismo, a visitar y atender enfermos en los hospitales y a llevar a la gente a las iglesias a rezar y meditar. Roma estaba, por aquellos días, en un estado de ignorancia religiosa y corrupción impresionantes. Por 40 años será el mejor catequista de la ciudad.
En 1458 fundó con los más fervorosos de sus seguidores una cofradía para socorrer a los pobres y para dedicarse a orar y meditar. Con ellos fundó un gran hospital llamado “De la Santísima Trinidad y los peregrinos”. Además difundió la costumbre de las “40 horas” o sea la adoración a Cristo Sacramentado durante ese tiempo, en forma continua.
En el año 1551, ordenado Sacerdote, desea ir a misionar a Asia pero por consejo de su director espiritual, se queda en Roma. Felipe siempre tuvo el don de la alegría. Cuando salía a la calle, enseguida lo rodeaba un coro de chicos con los que nuestro Santo hablaba y reía. Sentía predilección por los más pobres, no sólo niños sino también jóvenes a quienes entretenía con juegos, conciertos, paseos –que bien sabía transformar en peregrinaciones. Los adiestraba en el deporte, la música y la declamación. Pasaba largos ratos con Carlos Borromeo, Camilo de Lellis e Ignacio de Loyola entre otros. A la sombra de los árboles hacía representar a los muchachos comedias para inspirar la virtud y la piedad. Era un verdadero “sembrador de alegría”. San Juan Bosco será uno de sus más fieles imitadores.
A varios enfermos los curó al imponerles las manos. Durante la Santa Misa entraba en éxtasis y muchos veían su rostro resplandeciente de santidad. Muere a los 80 años, dulcemente, impartiendo la bendición a sus sacerdotes.
¡Que el Espíritu Santo nos colme con sus dones para poder testimoniar nuestra fe con la fuerza y la alegría de San Felipe Neri! ¡Que así sea!
domingo, 16 de mayo de 2010
EL PAPA A LOS ENFERMOS EN FÁTIMA
Antes de bendecir a los enfermos con el Santísimo Sacramento, en Fátima, el Papa les dijo: “Queridos enfermos, acojan esta llamada de Jesús que pasará junto a ustedes en el Santísimo Sacramento y entréguenle todas las contrariedades y penas que afrontan, para que se conviertan – según sus designios - en medio de redención para todo el mundo”.“Hermano mío y hermana mía, tú tienes “un valor tan grande para Dios que se hizo hombre para poder com-padecer(padecer con) Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre, como nos manifiesta el relato de la Pasión de Jesús”.
“En cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y el padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza”. “Con esta esperanza en el corazón, podrás salir de las arenas movedizas de la enfermedad y de la muerte, y permanecer de pie sobre la roca firme del amor divino.
En otras palabras, podrás superar la sensación de la inutilidad del sufrimiento que consume interiormente a las personas y las hace sentirse un peso para los otros, cuando, en realidad, vivido con Jesús, el sufrimiento sirve para la salvación de los hermanos”. “Esto es posible, porque las fuentes de la fuerza divina manan precisamente en medio de la debilidad humana”.
“Jesús dice a cada enfermo: “Ven conmigo. Participa con tu sufrimiento en esta obra de la salvación del mundo, que se realiza mediante mi sufrimiento, por medio de mi Cruz. A medida que abraces tu cruz, uniéndote espiritualmente a la mía, se develará a tus ojos el significado salvífico del sufrimiento. Encontrarás, en medio del sufrimiento, la paz interior e incluso la alegría espiritual”.
MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA LA XLIV JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital:
los nuevos medios al servicio de la Palabra»
[Domingo 16 de mayo de 2010]
Queridos hermanos y hermanas:
El tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales –«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra»– se inserta muy apropiadamente en el camino del Año Sacerdotal, y pone en primer plano la reflexión sobre un ámbito pastoral vasto y delicado como es el de la comunicación y el mundo digital, ofreciendo al sacerdote nuevas posibilidades de realizar su particular servicio a la Palabra y de la Palabra. Las comunidades eclesiales, han incorporado desde hace tiempo los nuevos medios de comunicación como instrumentos ordinarios de expresión y de contacto con el propio territorio, instaurado en muchos casos formas de diálogo aún de mayor alcance. Su reciente y amplia difusión, así como su notable influencia, hacen cada vez más importante y útil su uso en el ministerio sacerdotal.
La tarea primaria del sacerdote es la de anunciar a Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, y comunicar la multiforme gracia divina que nos salva mediante los Sacramentos. La Iglesia, convocada por la Palabra, es signo e instrumento de la comunión que Dios establece con el hombre y que cada sacerdote está llamado a edificar en Él y con Él. En esto reside la altísima dignidad y belleza de la misión sacerdotal, en la que se opera de manera privilegiada lo que afirma el apóstol Pablo: «Dice la Escritura: “Nadie que cree en Él quedará defraudado”… Pues “todo el que invoca el nombre del Señor se salvará”. Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo si no creen en Él? ¿Cómo van a creer si no oyen hablar de Él? ¿Y cómo van a oír sin alguien que les predique? ¿Y cómo van a predicar si no los envían?» (Rm 10,11.13-15).
Las vías de comunicación abiertas por las conquistas tecnológicas se han convertido en un instrumento indispensable para responder adecuadamente a estas preguntas, que surgen en un contexto de grandes cambios culturales, que se notan especialmente en el mundo juvenil. En verdad el mundo digital, ofreciendo medios que permiten una capacidad de expresión casi ilimitada, abre importantes perspectivas y actualiza la exhortación paulina: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16). Así pues, con la difusión de esos medios, la responsabilidad del anuncio no solamente aumenta, sino que se hace más acuciante y reclama un compromiso más intenso y eficaz. A este respecto, el sacerdote se encuentra como al inicio de una «nueva historia», porque en la medida en que estas nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez más intensas, y cuanto más se amplíen las fronteras del mundo digital, tanto más se verá llamado a ocuparse pastoralmente de este campo, multiplicando su esfuerzo para poner dichos medios al servicio de la Palabra.
Sin embargo, la creciente multimedialidad y la gran variedad de funciones que hay en la comunicación, pueden comportar el riesgo de un uso dictado sobre todo por la mera exigencia de hacerse presentes, considerando internet solamente, y de manera errónea, como un espacio que debe ocuparse. Por el contrario, se pide a los presbíteros la capacidad de participar en el mundo digital en constante fidelidad al mensaje del Evangelio, para ejercer su papel de animadores de comunidades que se expresan cada vez más a través de las muchas «voces» surgidas en el mundo digital. Deben anunciar el Evangelio valiéndose no sólo de los medios tradicionales, sino también de los que aporta la nueva generación de medios audiovisuales (foto, vídeo, animaciones, blogs, sitios web), ocasiones inéditas de diálogo e instrumentos útiles para la evangelización y la catequesis.
El sacerdote podrá dar a conocer la vida de la Iglesia mediante estos modernos medios de comunicación, y ayudar a las personas de hoy a descubrir el rostro de Cristo. Para ello, ha de unir el uso oportuno y competente de tales medios –adquirido también en el período de formación– con una sólida preparación teológica y una honda espiritualidad sacerdotal, alimentada por su constante diálogo con el Señor. En el contacto con el mundo digital, el presbítero debe trasparentar, más que la mano de un simple usuario de los medios, su corazón de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo comunicativo de la «red».
También en el mundo digital, se debe poner de manifiesto que la solicitud amorosa de Dios en Cristo por nosotros no es algo del pasado, ni el resultado de teorías eruditas, sino una realidad muy concreta y actual. En efecto, la pastoral en el mundo digital debe mostrar a las personas de nuestro tiempo y a la humanidad desorientada de hoy que «Dios está cerca; que en Cristo todos nos pertenecemos mutuamente» (Discurso a la Curia romana para el intercambio de felicitaciones navideñas, 21 diciembre 2009).
¿Quién mejor que un hombre de Dios puede desarrollar y poner en práctica, a través de la propia competencia en el campo de los nuevos medios digitales, una pastoral que haga vivo y actual a Dios en la realidad de hoy? ¿Quién mejor que él para presentar la sabiduría religiosa del pasado como una riqueza a la que recurrir para vivir dignamente el hoy y construir adecuadamente el futuro? Quien trabaja como consagrado en los medios, tiene la tarea de allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales. Le corresponde ofrecer a quienes viven éste nuestro tiempo «digital» los signos necesarios para reconocer al Señor; darles la oportunidad de educarse para la espera y la esperanza, y de acercarse a la Palabra de Dios que salva y favorece el desarrollo humano integral. La Palabra podrá así navegar mar adentro hacia las numerosas encrucijadas que crea la tupida red de autopistas del ciberespacio, y afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que Él pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones y decir de nuevo: «Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos» (Ap 3, 20).
En el Mensaje del año pasado animé a los responsables de los procesos comunicativos a promover una cultura de respeto por la dignidad y el valor de la persona humana. Ésta es una de las formas en que la Iglesia está llamada a ejercer una «diaconía de la cultura» en el «continente digital». Con el Evangelio en las manos y en el corazón, es necesario reafirmar que hemos de continuar preparando los caminos que conducen a la Palabra de Dios, sin descuidar una atención particular a quien está en actitud de búsqueda. Más aún, procurando mantener viva esa búsqueda como primer paso de la evangelización. Así, una pastoral en el mundo digital está llamada a tener en cuenta también a quienes no creen y desconfían, pero que llevan en el corazón los deseos de absoluto y de verdades perennes, pues esos medios permiten entrar en contacto con creyentes de cualquier religión, con no creyentes y con personas de todas las culturas. Así como el profeta Isaías llegó a imaginar una casa de oración para todos los pueblos (cf. Is 56,7), quizá sea posible imaginar que podamos abrir en la red un espacio –como el «patio de los gentiles» del Templo de Jerusalén– también a aquéllos para quienes Dios sigue siendo un desconocido.
El desarrollo de las nuevas tecnologías y, en su dimensión más amplia, todo el mundo digital, representan un gran recurso para la humanidad en su conjunto y para cada persona en la singularidad de su ser, y un estímulo para el debate y el diálogo. Pero constituyen también una gran oportunidad para los creyentes. Ningún camino puede ni debe estar cerrado a quien, en el nombre de Cristo resucitado, se compromete a hacerse cada vez más prójimo del ser humano. Los nuevos medios, por tanto, ofrecen sobre todo a los presbíteros perspectivas pastorales siempre nuevas y sin fronteras, que lo invitan a valorar la dimensión universal de la Iglesia para una comunión amplia y concreta; a ser testigos en el mundo actual de la vida renovada que surge de la escucha del Evangelio de Jesús, el Hijo eterno que ha habitado entre nosotros para salvarnos. No hay que olvidar, sin embargo, que la fecundidad del ministerio sacerdotal deriva sobre todo de Cristo, al que encontramos y escuchamos en la oración; al que anunciamos con la predicación y el testimonio de la vida; al que conocemos, amamos y celebramos en los sacramentos, sobre todo en el de la Santa Eucaristía y la Reconciliación.
Queridos sacerdotes, os renuevo la invitación a asumir con sabiduría las oportunidades específicas que ofrece la moderna comunicación. Que el Señor os convierta en apasionados anunciadores de la Buena Noticia, también en la nueva «ágora» que han dado a luz los nuevos medios de comunicación.
Con estos deseos, invoco sobre vosotros la protección de la Madre de Dios y del Santo Cura de Ars, y con afecto imparto a cada uno la Bendición Apostólica.
Vaticano, 24 de enero 2010, Fiesta de San Francisco de Sales.
BENEDICTUS PP. XVI
miércoles, 28 de abril de 2010
NUEVAS VOCACIONES SACERDOTALES, RESULTADO DE ESFUERZOS DE COLABORACIÓN
Los obispos de EEUU lanzan una web de promoción vocacional
WASHINGTON, D.C., miércoles 21 de abril de 2010 (ZENIT.org).- Un estudio sobre candidatos a ser ordenados sacerdotes este año muestra que las vocaciones son resultado de la colaboración entre el clero, las familias y todo el Pueblo de Dios.
La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos informó el 16 de abril sobre The Class of 2010: Survey of Ordinands to the Priesthood [La clase de 2010: Encuesta de los que van a ser ordenados sacerdotes].
Se trata de un proyecto de investigación anual encargado por la conferencia episcopal y realizado por el Centro de Investigación Aplicada al Apostolado, de la Universidad Georgetown.
“La mayoría de los que van a ser ordenados han sido católicos desde su nacimiento”, explica el presidente de la Comisión del clero, vida consagrada y vocaciones de la conferencia episcopal, el cardenal Sean O'Malley de Boston.
Y continua: “Cuatro de cada cinco informa de que sus dos padres son católicos; casi ocho de cada diez fueron animados por un sacerdote a considerar el sacerdocio”.
“Esto habla de la función esencial que el conjunto de la Iglesia debe desempeñar en la promoción de las vocaciones”, afirma.
El cardenal destaca que casi tres cuartas partes de la clase de este año afirmaa haber servido antes como monaguillos, lectores, ministros de la Eucaristía o como otro ministro parroquial.
“Una tendencia importante evidente en este estudio es la importancia de una formación permanente y un compromiso en la fe católica”, señala.
Un 92% de los hombres ha tenido un trabajo a tiempo completo -el ámbito de la educación es el más extendido- antes de entrar al seminario.
Tres de cada cinco hombres que van a ser ordenados ha completado estudios universitarios antes de entrar al seminario , y uno de cada cinco también ha recibido un título de posgrado.
Una tercera parte de ellos entró en el seminario cuando estaba en la universidad. Como promedio, informan haber considerado la vocación religiosa cuando tenían 18 años.
Familia
El hombre más joven que se va a ordenar este año tiene 25 años, y once de ellos tienen 65 años o más.
Un 37% de los que van a recibir la ordenación sacerdotal tienen un pariente sacerdote o religioso.
Dos tercios de la clase señalan que rezaban regularmente el rosario y participaban en adoraciones Eucarísticas antes de entrar en el seminario.
La mayoría de ellos tiene más de dos hermanos, y un 24% dicen tener cinco o más hermanos y hermanas.
Un 70% de los que van a ser ordenados son caucásicos/europeos/americanos/blancos, mientras que el 13% dicen ser hispanos/latinos, y el 10%, asiáticos o de las islas del Pacífico.
Casi un tercio de la clase nació fuera de los Estados Unidos, la mayoría viene de México, Colombia, Filipinas, Polonia y Vietnam.
La encuesta se envió a 440 candidatos al sacerdocio. Fue devuelta por 291 hombres que van a ser ordenados sacerdotes diocesanos y por 48 que pertenecen a órdenes religiosas.
La conferencia episcopal ha publicado todo el informe en su página web, así como en una nueva web dedicada a la promoción de las vocaciones.
La conferencia de obispos lanzará la nueva web este domingo 25 de abril, Domingo del Buen Pastor y Día Mundial de Oración por las Vocaciones.
Contiene recursos para ayudar a hombres y mujeres a discernir su vocación, también para padres, educadores y promotores vocacionales.
WASHINGTON, D.C., miércoles 21 de abril de 2010 (ZENIT.org).- Un estudio sobre candidatos a ser ordenados sacerdotes este año muestra que las vocaciones son resultado de la colaboración entre el clero, las familias y todo el Pueblo de Dios.
La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos informó el 16 de abril sobre The Class of 2010: Survey of Ordinands to the Priesthood [La clase de 2010: Encuesta de los que van a ser ordenados sacerdotes].
Se trata de un proyecto de investigación anual encargado por la conferencia episcopal y realizado por el Centro de Investigación Aplicada al Apostolado, de la Universidad Georgetown.
“La mayoría de los que van a ser ordenados han sido católicos desde su nacimiento”, explica el presidente de la Comisión del clero, vida consagrada y vocaciones de la conferencia episcopal, el cardenal Sean O'Malley de Boston.
Y continua: “Cuatro de cada cinco informa de que sus dos padres son católicos; casi ocho de cada diez fueron animados por un sacerdote a considerar el sacerdocio”.
“Esto habla de la función esencial que el conjunto de la Iglesia debe desempeñar en la promoción de las vocaciones”, afirma.
El cardenal destaca que casi tres cuartas partes de la clase de este año afirmaa haber servido antes como monaguillos, lectores, ministros de la Eucaristía o como otro ministro parroquial.
“Una tendencia importante evidente en este estudio es la importancia de una formación permanente y un compromiso en la fe católica”, señala.
Un 92% de los hombres ha tenido un trabajo a tiempo completo -el ámbito de la educación es el más extendido- antes de entrar al seminario.
Tres de cada cinco hombres que van a ser ordenados ha completado estudios universitarios antes de entrar al seminario , y uno de cada cinco también ha recibido un título de posgrado.
Una tercera parte de ellos entró en el seminario cuando estaba en la universidad. Como promedio, informan haber considerado la vocación religiosa cuando tenían 18 años.
Familia
El hombre más joven que se va a ordenar este año tiene 25 años, y once de ellos tienen 65 años o más.
Un 37% de los que van a recibir la ordenación sacerdotal tienen un pariente sacerdote o religioso.
Dos tercios de la clase señalan que rezaban regularmente el rosario y participaban en adoraciones Eucarísticas antes de entrar en el seminario.
La mayoría de ellos tiene más de dos hermanos, y un 24% dicen tener cinco o más hermanos y hermanas.
Un 70% de los que van a ser ordenados son caucásicos/europeos/americanos/blancos, mientras que el 13% dicen ser hispanos/latinos, y el 10%, asiáticos o de las islas del Pacífico.
Casi un tercio de la clase nació fuera de los Estados Unidos, la mayoría viene de México, Colombia, Filipinas, Polonia y Vietnam.
La encuesta se envió a 440 candidatos al sacerdocio. Fue devuelta por 291 hombres que van a ser ordenados sacerdotes diocesanos y por 48 que pertenecen a órdenes religiosas.
La conferencia episcopal ha publicado todo el informe en su página web, así como en una nueva web dedicada a la promoción de las vocaciones.
La conferencia de obispos lanzará la nueva web este domingo 25 de abril, Domingo del Buen Pastor y Día Mundial de Oración por las Vocaciones.
Contiene recursos para ayudar a hombres y mujeres a discernir su vocación, también para padres, educadores y promotores vocacionales.
domingo, 18 de abril de 2010
"OS TOCA A VOSOTROS RESPONDER" JUAN PABLO II

OS TOCA A VOSOTROS RESPONDER
Os hablo particularmente a vosotros, jóvenes. Más bien, quisiera hablar con vosotros, con cada uno de vosotros. Me sois muy queridos y tengo gran confianza en vosotros. Os he llamado esperanza de la Iglesia y mi esperanza. Recordemos algunas cosas juntos. En el tesoro del Evangelio se conservan las hermosas respuestas dadas al Señor que llamaba...
Desde los tiempos de la primera proclamación del Evangelio hasta nuestros días un grandísimo número de hombres y mujeres ha dado su respuesta personal, su libre y consciente respuesta a Cristo que llama. Han elegido el sacerdocio, la vida religiosa, la vida misionera, como objetivo ideal de su existencia. Han servido al Pueblo de Dios y a la humanidad con fe, con inteligencia, con valentía, con amor. Ha llegado vuestra hora. Os toca a vosotros responder. ¿Acaso tenéis miedo?
Reflexionemos, pues, juntos a la luz de la fe. Nuestra vida es un don de Dios. Debemos hacer algo bueno. Hay muchas maneras de gastar la vida poniéndola al servicio de ideales humanos y cristianos. Si hoy os hablo de consagración total a Dios en el sacerdocio, en la vida religiosa y en la vida misionera, es porque Cristo llama a muchos de vosotros a esta extraordinaria aventura. Él necesita, quiere tener necesidad de vuestras personas, de vuestra inteligencia, de vuestras energías, de vuestra fe, de vuestro amor, de vuestra santidad. Si Cristo os llama al sacerdocio es porque Él quiere ejercer su sacerdocio por medio de vuestra consagración y misión sacerdotal. Quiere hablar a los hombres con vuestra voz. Consagrar la Eucaristía y perdonar los pecados a través de vosotros. Amar con vuestro corazón. Ayudar con vuestras manos. Salvar con vuestra fatiga. Pensadlo bien. La respuesta que muchos de vosotros pueden dar está dirigida personalmente a Cristo que os llama a estas grandes cosas.
Encontraréis dificultades. ¿Creéis que no las conozco? Os digo que el amor puede vencer cualquier dificultad. La verdadera respuesta a cada vocación es obra del amor. La respuesta a la vocación sacerdotal, religiosa, misionera, puede surgir solamente de un profundo amor a Cristo. Esta fuerza de amor os la ofrece Él mismo, como don que se añade al don de su llamada y que hace posible vuestra respuesta. Tened confianza en Aquel que es poderoso para hacer que abundemos copiosamente más de lo que pedimos o pensamos (Ef. 3, 20). Y, si podéis, dad vuestra vida, con alegría, sin miedo a Él que dio antes la suya por vosotros.
JUAN PABLO II
Discurso del 6 de enero de 1979
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