sábado, 2 de enero de 2010

EPIFANIA DEL SEÑOR: DIA DE LOS REYES MAGOS


6 DE ENERO DIA DE REYES ¿QUE SIGNIFICA?

El próximo 6 de enero celebraremos, como Iglesia, la Epifanía del Señor. Epifanía es una palabra griega que significa literalmente,”manifestación”, “revelación”, es decir que celebraremos, ni más ni menos, que la “manifestación” del Hijo de Dios al mundo, su revelación a los pueblos gentiles, representados en los Reyes Magos.
El día de Reyes es, tradicionalmente, un día de alegría, de luz, de fiesta, de regalos. Todos guardamos vivencias entrañables de nuestra infancia. Decir “día de Reyes” equivale a poner en marcha toda la fantasía infantil para soñar cosas maravillosas: tres Reyes con espléndidas caravanas, procedentes de Oriente, cargados de regalos, montados en camellos, trayendo al Niño Dios exóticos regalos.
Sin embargo estos Reyes Magos tienen muchísimas cosas que enseñarnos, sobre todo al hombre moderno, tan contaminado de racionalismo, pragmatismo y materialismo. Es que estos personajes, sin haber recibido el don de la fe del Pueblo elegido, ni la esperanza en un Mesías Salvador como lo entendía Israel, sin pruebas contundentes ni científicamente verificables, se ponen en marcha hacia lo desconocido, siguiendo la luz de una estrella. Para la mentalidad del mundo, esos hombres serían unos pobres ilusos, soñadores o simples aventureros.
Pensemos: ¿Cuántos de nosotros somos capaces de descubrir en una “estrella” –que pueden ser las mil circunstancias de cada día: un encuentro, una noticia alegre o desagradable, una enfermedad, etc.- el signo a través del cual Dios nos habla y nos revela su voluntad santísima sobre nosotros? Y… ¿Cuántos tenemos el valor de seguir esa estrella, aunque eso nos exija romper nuestras seguridades demasiado “humanas” y terrenas, confiar en la voz de Dios y ponernos en camino –como aquellos Reyes, como Abraham, como la Santísima Virgen- “hacia el lugar que Él nos mostrará”?
Pidamos al Señor, en este tiempo de Navidad, la gracia de descubrir esa “estrella”, la valentía de seguirla y la generosidad de ofrecerle lo mejor de nuestra alma: el amor de nuestra fe y confianza en Él; el incienso de nuestra piedad y adoración y la mirra de nuestra obediencia y humildad. ¡Que así sea!

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